Narrativa

Retazos de una mañana de otoño

Un frío invernal, propio de estas latitudes en las que el otoño asoma tímido entre el verano y el invierno, dejó paso a una mañana casi primaveral. El cielo se tornó en  azul purísima y oro, alejándose las nubes de un color cárdeno exultante que habían presidido la amanecida. El sol irrumpió parsimonioso tras los cerros del viejo monte, acompañado de una suave brisa que acariciaba  el rostro de los transeúntes en su caminar por la siempre concurrida calle principal de la ciudad.

Aprendices de músico, músicos en paro, filatélicos, alfareros, coleccionistas, libreros, niños intercambiando cromos, jubilados, tenderos, vendedores de hierbas medicinales, retratistas, pintores sin cotización, perdedores en la Bolsa (se reflejaba en sus semblantes), padres de familia con el retoño en brazos, viudas enfundadas en abrigos de pieles, jóvenes que acabaron con la noche, mendigos, cómicos, curas con sotana, guardias municipales, matrimonios saliendo de misa, señoras de buen ver, enamorados…  todos ellos, convertidos en improvisados actores del gran teatro del mundo deambulaban en la mañana dominical.

Cercanos se oían acordes de violines y flautas, entremezclados con el ruido que provocaban las limosneras monedas al caer sobre un platillo, adornaban la mañana de un barroco intenso, en contraste con la torre gótica de la Iglesia próxima.  Músicos de distintas etnias componían el improvisado grupo,  deleitando a la concurrencia con el Adagio en Sol menor de Tomaso Albinoni.

Paseábamos tranquilamente y la música distrajo nuestra conversación, que se tornó cadenciosa trasladándonos a otros momentos, marcando un tempo y un instante diferentes. Igualmente diferente fue el modo de mirarnos. La mirada y el gesto, mientras los ecos de la música de Albinoni se hacían cada vez más lejanos, teñían de romanticismo nuestro caminar.

Los acordes del Adagio se fueron con la brisa, perdidos entre el murmullo de las gentes, como nos fuimos tu y yo, asidos de la mano, detenido el tiempo, evocando nuestra juventud, sonriendo, en silencio… no éramos más que actores invitados de la comedia.

 

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.