Sociedad

El armario de luna

No hace mucho tiempo, cuando los trigos y las cebadas estaban recién segados y la remolacha era regada en abundancia, visité uno de esos lugares que componen la geografía palentina, un pueblo más de Castilla, un lugar despoblado y decadente donde apenas se perciben signos de modernidad. En él, es costumbre tomar el fresco junto al zaguán, en esas tórridas noches de verano en las que sólo se oye el zumbar de las cigarras y el revolotear de moscas y mosquitos junto a la farola que ilumina la calle. A esa hora, casi todo es penumbra, apagado parloteo de vecindad, tañido tímido de roncas campanas proveniente del reloj del Ayuntamiento anunciando las horas.

Una jarra de barro llena de clarete, queso, un par de chorizos caseros y pan ––el de antaño, el de siempre–– adornaban la mesa que nuestro anfitrión había preparado. Tomemos un chato y comamos un taco mientras la parienta termina de preparar algo ––dijo él––. Y a continuación llenó los vasos, casi hasta rebosar, de ese vino de la tierra del cual nos anunció le quedaban varios cántaros que presumía haber elaborado con sus propias manos, a pesar de los casi ochenta y cinco años que estaba a punto de cumplir.

De la cocina provenía el típico olor que desprende el aceite al mezclarse con la patata y la cebolla, esa conjunción de aromas que en la sartén se funden con el del huevo en un apasionado maridaje donde, a fuego lento, va cobrando cuerpo la inigualable tortilla española. Los jugos gástricos entraron en funcionamiento, antes incluso de haber probado el queso, el chorizo y el clarete. Me adueñé de un cantero de pan y de un trozo de chorizo cortado a navaja, llevándolos a mi boca ante la demanda de las glándulas gustativas segregando su particular jugo impulsadas por el olor a tortilla. Y en esas estaba cuando la dueña de la casa insistió en enseñarnos las dependencias de aquel viejo caserón en el que ella había nacido y que un día heredó de sus padres.

Una cortina de arpillera separaba la cocina de la despensa, donde varias ristras de chorizos colgaban de un varal que pendía de dos ganchos anclados en el techo. Junto a los chorizos, un costillar de cerdo, adobado, y unas morcillas completaban el singular bodegón en aquel pequeño cuarto lleno de cacharros de cocina, más la artesa, una orza, un baúl y la vieja máquina de coser, marca Singer ––regalo de boda, según confesó la señora––. En la primera planta, tras superar la vetusta y encerada escalera de madera, se encontraba el dormitorio principal. La estancia era sobria: una cama de hierro cubierta con una colcha de hilo, dos mesillas ––una a cada lado––, y el crucifijo sobre la cabecera. El armario de luna, situado a la izquierda de la entrada, y la cómoda, ubicada junto a la ventana por la que penetraba un tenue rayo de luz, completaban el mobiliario.

¡Cómo pasa el tiempo!  ––exclamó nuestra anfitriona al mostrarnos la foto de boda que lucía sobre la cómoda––. ¡Quién me iba a decir a mí que acabaría hecha un carcamal con lo guapa que estoy en ese retrato!… Guardó silencio mientras se contemplaba en el armario de luna. Sus diminutos y vivarachos ojos dejaron asomar dos lágrimas que enjugó despaciosamente con la yema de ambos pulgares. No apartaba la mirada del viejo armario, en cuya luna seguía reflejándose su diminuta figura. Aquí me vi el día de mi primera comunión ––comentó en tono de nostalgia––, vestida con la falda blanca y la blusa, del mismo color, que me hizo mi madre… La modista ––prosiguió––, cogió el último hilván a mi vestido de novia… Mi hija rió de contento al probarle el vestido de comunión, largo, hasta los pies, muy distinto de aquella falda que yo vestí… Y mi niño, con aquel traje de marinero que nos costó una fortuna…

–– ¡Vamos, mujer, deja de parlar que se enfría la tortilla! ––voceó el marido, que se había quedado en el zaguán––. Este hombre no dejará de refunfuñar hasta el día en que estire la pata ––farfulló ella––. Esbozamos una sonrisa y partimos escaleras abajo a dar cuenta de la tortilla, del queso, del chorizo y del clarete.

Categorías:Sociedad

Tagged as: , , ,

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.