El Retrovisor

Septiembre

Con el verano huyendo, la memoria me acerca una canción que escuché siendo adolescente y de la que conservo grato recuerdo. Forma parte de la banda sonora de una película con el mismo título. Cuando llegue septiembre —así se titula la canción— causó furor entre los quinceañeros y quinceañeras de la nacionalcatólica España de los años sesenta del pasado siglo. Mediado agosto, los ingenuos adolescentes de entonces pensábamos que todo sería maravilloso con la llegada de septiembre, como dice la canción. Pero no, la tozuda realidad se imponía y septiembre era uno de los meses más odiados: fin de las vacaciones, vuelta al trabajo, al instituto, al taller de costura, a «sus labores»… Hoy, cinco décadas después, la adolescencia es un recuerdo ingrato (por irrepetible) y la canción sigue chocando con la realidad. Como si nada hubiera cambiado, como si la vida fuera un relato que se reescribe permanentemente, poco hay de maravilloso en este mes  que abre la puerta al otoño.  Y no, no es que me abrace la melancolía, que añore las puestas de sol junto al mar, el gin-tonic al caer la tarde oyendo el murmullo de las olas, el contemplar la luna abriéndose paso en la noche… Uno, animal de costumbres, ha vuelto a leer la prensa, a escuchar los informativos y a ver los telediarios y… ¿qué quieren que les diga que ustedes no sepan?

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