Sociedad

De ayer a hoy

Alicaidos (lo escribí hace diez años y sigue vigente)

Vivimos tiempos de crisis, palabra maldita que encierra un sinfín de significados y no pocos argumentos para ser esgrimidos ante quienes deben pechar con ella, que no son otros que los de siempre y no quienes la provocaron, que ahora, como suele ser habitual, reclaman del erario público ayudas y subvenciones para salir de ella, de la suya, no de la que nos afecta al resto de los mortales, espectadores de su enriquecimiento y sufridores de su tiempo de vacas flacas. ¿Dónde está el dinero? ¿Dónde las pingües ganancias? Parece que se han evaporado, que se han diluido en ese mar de enjuagues empresariales con inversiones especulativas y gestiones poco acertadas. No hace mucho, pasabas por la puerta de un Banco y olías la oferta crediticia, bien hipotecaria o de cualquier otra índole. Hoy, el ambientador de la crisis ha hecho desaparecer ese olor, ahora dicen que sólo huele a morosidad y a restricción del crédito.

Entretanto, no paro de darle vueltas al pregón literario pronunciado por Julián Alonso con motivo de las pasadas fiestas de San Antolín. Aquella su expresión, “la ciudad que no sabe soñar”, en clara alusión a Palencia, sigue rondando por mi cabeza.  Y, para remate, Eva Celaya con su reflexión tan contundente como cierta pronunciada con ocasión del Día del Palentino Ausente: “A veces vas y ves, dices Dios mío si tuvieran nuestra catedral o nuestra iglesia de San Miguel, o si tuvieran nuestro Canal de Castilla con su historia… y no les cuento fuera de España, con nuestro Románico, con  Frómista en muchos países harían maravillas del merchandising: camisetas, llaveros, películas, series, carteras… y hasta un parque temático, y esto que suena tan poco apetecible… son puestos de trabajo, es riqueza para que la gente no se vaya de la tierra, porque para tener futuro, tiene que haber trabajo, y trabajo interesante… si no la gente joven se irá..” Sí, todo esto ocupa parte de mis pensamientos en estos días preotoñales, con la citada crisis pululando por todos los ambientes como si fuera una fijación social, como si en el diccionario de la RAE no existieran otros vocablos a los que prestar atención. Va a tener razón Concita de Gregorio, directora del diario italiano L’Unità, cuando afirma que “Vivimos en el eterno presente, sin memoria ni perspectivas”

Memoria y perspectivas es lo que necesita esta Castilla nuestra. Memoria para no olvidar de dónde viene y perspectivas para afrontar los retos que tiene delante. Clamaba el presidente Juan Vicente Herrera, con ocasión de la inauguración del Centro de Innovación Tecnológica, Cenit, en Aldeatejada (Salamanca), por “el retorno de los hijos con talento”, lamentándose a un tiempo de que “Castilla y León haya estado condenada durante tantos lustros al abandono de sus hijos” Sorprendente Herrera con su clamor y su lamento. Con el primero parece olvidarse de los castellano-leoneses sin o con escaso talento, o con el hoy pobre bagaje de una experiencia adquirida en tiempos de emigración, tras apenas poder superar los estudios primarios o la tan denostada formación profesional, eclipsada por la titulitis universitaria que sigue obcecando a la sociedad castellana. Que se queden donde están, que no regresen, que no vuelvan a sus raíces. Al parecer aquí solamente necesitamos “hijos con talento” que, formados en nuestras Universidades, hacen la maleta en busca de un futuro que su tierra no ofrece. Y para evitar el éxodo, el abandono de sus hijos, ¿hace Castilla y quien la gobierna algo más que lamentarse? Da la sensación de que sólo somos un lugar en la historia, un espacio geográfico en el mapa, la pieza que faltaba en el puzzle autonómico que alguien se encargó de encajar como fuere, renunciando a identidades, olvidando la casuística de cada una de las provincias que integran esta Castilla de la que Delibes dijo, en su Castilla, lo castellano y los castellanos, “se le ha ido desangrando, humillando, desarbolando poco a poco, paulatina, gradualmente, aunque a conciencia”.

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