Aquellas tardes

En ocasiones abrigo la esperanza de encontrármela a la vuelta de una esquina, o acodada en la barra de un bar (podría ser aquel que frecuentábamos cuando no me odiaba) esperándome. Estaría en el rincón de siempre, sentada en un taburete, dando cuenta de un humeante café con leche, las piernas cruzadas,  la mirada perdida en el viejo cuadro de la barca varada, en la que apenas podía leerse (mas bien imaginar) un nombre de mujer escrito a estribor con letras desdibujadas. Yo me acercaría, le diría «buenas tardes», nos besaríamos en las mejillas, me invitaría a sentarme a su lado, me sonreiría y aproximaría el gin-tonic (ella es abstemia): «Te he pedido un gin-tonic, servido con mimo por el camarero, como a ti te gusta: cuatro cubitos, ginebra suficiente como para cubrir la mitad del hielo, una rodajita de limón, otra de lima anclada en la boca del vaso y tónica, vertida despacio, muy despacio, dejando que las burbujas jugueteen con los cubitos y el limón» Luego, nos miraríamos y, en el entretanto, su café se habría enfriado y en mi gin-tonic la rodajita de limón iría a la deriva en un mar de tónica, agua y ginebra mientras la de lima, cual vigía, seguiría en lo alto del vaso esperando quién de los dos, ella o yo, se rendía primero y entornaba los ojos.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.