Otoño

«Ya el otoño frunce su tul de hojarasca sobre el suelo, y en vuelo repentino, la noche atropella la luz». (Miguel Hernández)

Llama con aldabonazos de melancolía, y lo hace con insistencia. Es algo que se repite año tras año, cuando septiembre está a punto de claudicar, se acortan las tardes y se agrandan las noches, y hasta la luna parece entristecerse al menguar. En el silencio de la noche se escuchan murmullos de estrellas, runruneo incesante de versos susurrados al calor de la lumbre, mientras el hielo tintinea en una copa de whisky  y la pasión prende en dos cuerpos a punto de abrazarse. En el giradiscos, Jacques Brel con su Ne me quitte pas aproximando recuerdos, notas que se confunden con el chirriar de los troncos al arder. Dos manos juguetean, cuatro ojos se miran, dos bocas se funden, cuatro ojos se cierran, dos pechos jadean… Sisea el viento, y llueve.

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