Gritos y susurros

Abril claudica, y lo hace como lo hizo siempre, entre sol y nubes, entre brumas y grises. Hoy, Día del Libro y Comunero, amaneció gris y brumoso, perezoso y huraño, silente y a la vez ruidoso. Sí, hay mucho ruido, demasido ruido en el silencio de la sociedad. Grita el rico y grita el pobre; grita el noble y grita el plebeyo; grita el político y calla y otorga el ciudadano. Y este silencio, este callar ciudadano, es el que más ruido hace. Es un ruido ensordecedor, tan ensordecedor como callado, tan estruendoso como efímero. Es un grito de cerviz inclinada, claudicante, con olor a rendición y sabor a derrota. Es el clamor del desencanto, el susurro temeroso de quien se sabe amenazado por la hipoteca, el misero salario, la amenzada de un posible ERE o el desempleo. Entretanto, en el horizonte más cercano, 350 diputados, sus señorías, intentan dormirnos con cuentos, todos esos cuentos que sabía el poeta León Felipe:  «Yo no sé muchas cosas, es verdad. / Digo tan sólo lo que he visto. / Y he visto: / que la cuna del hombre la mecen con cuentos, / que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos, / que el llanto del hombre lo taponan con cuentos, / que los huesos del hombre los entierran con cuentos, / y que el miedo del hombre… / ha inventado todos los cuentos. / Yo no sé muchas cosas, es verdad, / pero me han dormido con todos los cuentos… / y sé todos los cuentos.»

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