Cajón de Sastre

Crónica de un desafecto

Madrid, un día cualquiera de un mes cualquiera de 1976. Un grupo de amigos cenábamos en el restaurante El Alabardero, junto al Teatro Real, cruzando apuestas sobre lo que duraría el reinado de Juan Carlos I – conocido entonces en muchos ambientes como “El Breve” -, antes de dar paso a la deseada 3ª República. Resulta evidente que yo, que me encontraba entre los que vaticinaron un corto reinado para el joven monarca, perdí la apuesta. Gané otras, pues seis años mas tarde, en octubre de 1982, la izquierda, encarnada por el PSOE, obtuvo una victoria espectacular en las Elecciones Generales, victoria que pronostiqué, aunque no con el resultado con el que se produjo. Durante esos seis años, un largo y duro viaje hacia la democracia, con varias intentonas golpistas por el camino, la desintegración de aquel proyecto cosido con alfileres que se llamó UCD y no pocas renuncias de la izquierda y los nacionalistas periféricos para que la Transición llegara a buen puerto. Han pasado más de treinta años desde entonces y conviene echar una mirada retrospectiva al pasado para analizar, con la perspectiva que da el paso del tiempo, el porqué del desafecto surgido entre las gentes de izquierda, comprometidas entonces y acomodadas o cansadas hoy, y la política.

Fue tanta la ilusión puesta en el empeño por alcanzar la democracia, que el día después de alcanzada nos dejamos caer en el sillón de la relajación como soldados exhaustos que tras la lucha se tumban a la vera del camino. Había merecido la pena todo el esfuerzo y todo el riesgo corrido desde el inicio de la década de los setenta hasta la muerte del dictador y con ella la del régimen que sostenía.  Fue precisamente al día siguiente del segundo triunfo socialista en 1986, cuando comenzó a adueñarse de las gentes de izquierda la sensación de que todo estaba conseguido tras cuatro fructíferos años de conquistas sociales y de cambios profundos en nuestro país. Craso error, pues esa acomodación, ese aburguesamiento, esa relajación tras la lucha fue el inicio del desafecto que el electorado de izquierdas siente hoy por la política. La tercera legislatura socialista, con algún que otro escándalo como el caso Roldan o los GAL, junto con el acoso y derribo emprendido por la derecha que, tras sucesivos descalabros electorales bajo las siglas de AP derivó en lo que hoy es el Partido Popular, sumió en el desencanto a una parte importante de aquella generación que se dejó la piel luchando por la libertad. No hay que olvidar que treinta años no es nada, que la democracia y la libertad se conquistan cada día y que sus enemigos siguen agazapados a la espera de poder cercenarlas. Cabe decir también que las expectativas puestas por una gran parte de ese electorado no se han visto satisfechas desde el poder cuando éste ha sido ejercido por la izquierda. Quizá porque las esperanzas fueron tantas no se pensó en lo duro que iba a resultar el ejercicio del poder y que la derecha, una vez reorganizada, iba a oponer una dura resistencia para que los postulados de la izquierda no encontraran fácil acomodo entre la sociedad española.

El debate ideológico dentro del socialismo obligó a recomponer el territorio de la izquierda. El choque generacional entre los que vivieron la contienda y los hijos de la posguerra, que conforme fueron escalando posiciones en la nueva sociedad emergente vieron cómo se iba desnaturalizando su ideología, junto con el desapego de una gran parte de la juventud, deslumbrada por la oferta capitalista del dinero pronto y fácil, han llevado a muchos al campo de la abstención, a “pasar” del debate político, a considerar que la izquierda actual, por exceso o por defecto, no defiende los principios que ellos abrazan. En recuperar el espíritu de aquel tiempo, en explicar de forma clara los logros alcanzados y en volver a ilusionar a los desencantados tienen el PSOE e Izquierda  Unida su asignatura pendiente.

Lo escribí en abril de 2008. ¿Ha cambiado algo hoy?

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2 replies »

  1. Aquí está el truco: “Fue precisamente al día siguiente del segundo triunfo socialista en 1986, cuando comenzó a adueñarse de las gentes de izquierda la sensación de que todo estaba conseguido tras cuatro fructíferos años de conquistas sociales y de cambios profundos en nuestro país. Craso error, pues esa acomodación, ese aburguesamiento, esa relajación tras la lucha fue el inicio del desafecto que el electorado de izquierdas siente hoy por la política.”

    Creíamos que ya todo estaba atado y bien atado.

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