¿Urge la comarcalización?

En enero de 2007, hace ya la friolera de nueve años, en una de mis habituales colaboraciones en Diario Palentino escribí lo que les dejo a continuación. Hoy, después de casi una década, el problema sigue latente. ¿Hemos hecho algo para paliarlo? Nada, absolutamente nada:

Tengo en mis manos Castilla en canal, un más que interesante libro -en palabras del amigo que me lo ha prestado- de Raúl Guerra Garrido, Premio Nacional de las Letras 2006. No ha sido necesario avanzar demasiado en su lectura –llego por la página treinta y cinco- para estar de acuerdo con la opinión de mi amigo y comprobar cómo el autor, en apenas novecientas líneas, ha abierto en canal a Castilla y, por consiguiente, a Palencia. No sé cuál será mi estado anímico cuando después de dar cuenta de sus cuatrocientas ocho páginas saque mis propias conclusiones. Con su narración inicial, Guerra Garrido ha hurgado en la herida abierta en mí ánimo por la esperada pero inoportuna y triste noticia de la nueva pérdida de población de nuestra provincia.

Tras la noticia, en la lista de “los 25 principales” publicada por este periódico, que encabeza Guardo y cierra Frechilla, mi querida Saldaña ocupa el cuarto lugar y está acompañada de pueblos tan emblemáticos y cargados de historia como Venta de Baños, Paredes de Nava, Cervera, Alar, Carrión, Ampudia, Astudillo, Torquemada, Frómista…  Todo un síntoma, como pone de manifiesto el reportaje que bajo el título Censo / se acentúa la crisis, y con la firma de Carlos H. Sanz, apareció en las páginas de este diario el pasado lunes día 8.  Un informe de similares características fue publicado el día anterior en el otro diario local y, casualidades de la vida, próximo a él un extensísimo artículo de opinión del presidente de la Diputación, que también publicó Diario Palentino. Desde entonces, como es habitual, el silencio.

Sorprende la proximidad y coincidencia de ambas informaciones, sobre todo después de leer la soflama partidista del regidor provincial en la que, ante un asunto tan grave, ni tan siquiera hay una mención, una sola palabra de autocrítica, una alusión en su escrito a la gestión llevada a cabo tanto en la Diputación como en la Junta de Castilla y León por quien viene ejerciéndola desde hace un cuarto de siglo, o sea, el PP. En un principio pensé que se trataba de un edicto, de un bando para llamarnos a concejo o a la movilización ante la contundencia de las estadísticas. No otra cosa, bajo mi punto de vista, podría ser motivo para ocupar toda una página en los rotativos que los grupos Promecal y Vocento editan en Palencia. En mi ingenuidad supuse que quizá el eco de la noticia habría removido conciencias y hasta los cimientos del Palacio de la Calle Burgos; o que el negro color de nuestro presente se habría adueñado del azul de sus luces y los mástiles de las banderas que ahora ondean en el tejado, sabedores de los datos publicados por el INE, clamarían al cielo siguiendo órdenes de quien ocupa el sillón presidencial. Superada mi ingenuidad retomé la lectura de Castilla en canal.

Contemplar cómo una provincia se desangra sin que nadie mueva ni un sólo dedo para evitarlo no resulta sencillo ni comprensible. Ver cómo la poca esperanza que le queda depende del futuro de Renault, asusta. Otear el horizonte de Tierra de Campos y atisbar la nada resulta un ejercicio deprimente cargado de certidumbre. Y escuchar los gritos del silencio desde la Montaña hasta el Cerrato, conmueve. Recurro, una vez más, a Delibes hablando de Castilla: “Un abandono de siglos ha provocado la marginación de sus pueblos, perdidos entre los surcos como barcos a la deriva” ¿Es la comarcalización la solución al abandono? No lo sé pero, a la vista del resultado de las políticas actuales, quizá merezca la pena intentarlo si se quiere acabar con los desequilibrios, acercar los servicios en igualdad de condiciones al medio rural y poner fin a la despoblación.

Otro amigo mío, irónico él, acostumbra a decirme: “Me moriré sin entender a las mujeres y sin saber para que sirve una Diputación” Yo cada día creo entender mejor a las mujeres, afortunadamente, pero soy incapaz de saber para qué sirve hoy una Diputación, la gestione quien la gestione.

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